Punto de partida
El horario existía en un lugar. La verdad del día vivía en cinco.
En este escenario ficticio, el despacho comenzaba en una hoja de cálculo. Las urgencias llegaban por teléfono y correo, las instrucciones quedaban en mensajes y el progreso regresaba mediante llamadas constantes.
Un espacio libre no demostraba que la certificación, el vehículo, el trayecto o el acceso correcto estuvieran disponibles. Mover una orden podía afectar varias promesas posteriores.